Día Internacional de Nelson Mandela: una perspectiva institucional de un legado global

Por Kevin Klaus /GICJ
Traducido por Carla Díez Chu /GICJ
Un legado que exige acción
El Día Internacional de Nelson Mandela no es simplemente un día de conmemoración; es un llamado a transformar la memoria en acción. Celebrado anualmente el 18 de julio, rinde homenaje a la contribución de Nelson Rolihlahla Mandela a la democracia, los derechos humanos, la paz, la reconciliación y la justicia social, al tiempo que desafía al mundo a hacer frente a las injusticias que aún persisten.
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 18 de julio como el Día Internacional de Nelson Mandela mediante la Resolución A/RES/64/13, aprobada el 10 de noviembre de 2009, cuya conmemoración comenzó en 2010. La fecha coincide con el cumpleaños de Mandela y reconoce su servicio a la humanidad. La resolución destaca su papel en la lucha por la liberación de África y en la construcción de una Sudáfrica democrática y no racial.
Este día hace mucho más que celebrar a un líder. Vincula la lucha de Mandela contra el apartheid con las responsabilidades actuales de proteger la dignidad humana. Su legado recuerda al mundo que la libertad no puede separarse de la igualdad, que la paz no puede mantenerse sin justicia y que los derechos humanos requieren un liderazgo valiente y la participación activa de la ciudadanía.
Desde el apartheid hasta la democracia
Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Mvezo, Sudáfrica. Formado como abogado, se convirtió en uno de los principales opositores del apartheid, el sistema institucionalizado de segregación y dominación racial impuesto por el gobierno de la minoría blanca de Sudáfrica. El apartheid privó a la mayoría negra del país y a otras comunidades racializadas de sus derechos políticos, sociales y económicos. Controlaba dónde las personas podían vivir, trabajar y estudiar, restringía su libertad de movimiento y su participación política, y mantenía la desigualdad mediante la ley y la violencia estatal.
La resistencia de Mandela dio lugar a repetidos arrestos y, tras el Juicio de Rivonia, fue condenado a cadena perpetua. Pasó 27 años en prisión, incluidos 18 años en la isla Robben. Se convirtió en un símbolo internacional de la oposición a la opresión racial, pero su legado también radica en haber contribuido a construir un futuro pacífico y democrático tras su liberación en 1990.
Mandela ayudó a negociar el fin del apartheid y a establecer una democracia constitucional basada en la igualdad de ciudadanía. En 1993, él y F. W. de Klerk recibieron el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para poner fin al apartheid de manera pacífica y sentar las bases de un gobierno democrático. En 1994, Mandela se convirtió en el primer presidente democráticamente elegido de Sudáfrica.
Su compromiso con la reconciliación no significó ignorar la injusticia ni renunciar a la rendición de cuentas. Reflejaba la convicción de que la transición democrática requería instituciones inclusivas, participación política y el reconocimiento de la dignidad de todas las personas. La paz duradera no consiste únicamente en la ausencia de violencia; depende del desmantelamiento de la exclusión y de la creación de condiciones que permitan a todas las personas disfrutar de sus derechos en igualdad de condiciones.
Combatiendo la pobreza y la desigualdad
El lema “Sigue estando en nuestras manos combatir la pobreza y la desigualdad” sitúa la justicia social y económica en el centro de esta conmemoración. Refleja la convicción de Nelson Mandela de que la pobreza no es inevitable y que la desigualdad no es natural. Tanto la pobreza como la desigualdad están determinadas por las decisiones políticas, el acceso desigual a los recursos y las instituciones que reproducen la discriminación histórica.
La pobreza afecta mucho más que los ingresos. Puede impedir que las personas accedan a una alimentación adecuada, vivienda, atención sanitaria, educación, agua potable, empleo y acceso a la justicia. También puede restringir su participación en la vida pública. La desigualdad agrava estos efectos cuando las oportunidades y los recursos se distribuyen en función de la raza, el género, la discapacidad, el origen social, la situación migratoria u otros motivos de discriminación.
Las comunidades que han sufrido el colonialismo, la segregación racial, el desplazamiento o la exclusión sistemática suelen seguir soportando sus consecuencias mucho después de que las leyes discriminatorias hayan sido derogadas. La igualdad ante la ley es esencial, pero no suficiente. Los Estados deben abordar las barreras estructurales que impiden a las personas disfrutar plenamente de sus derechos en la práctica.
Una respuesta basada en los derechos humanos exige que los gobiernos traten a las personas que viven en situación de pobreza como titulares de derechos, y no simplemente como beneficiarias de la caridad. Las políticas relativas a la protección social, la fiscalidad, el empleo, la vivienda, la salud y la educación deben ser transparentes, contar con una financiación adecuada y elaborarse con la participación de las comunidades afectadas. Asimismo, la cooperación internacional es indispensable cuando la deuda, los conflictos, la explotación o las relaciones económicas desiguales socavan la capacidad de los Estados para garantizar los derechos económicos y sociales.
La acción comunitaria puede proporcionar apoyo inmediato, fortalecer la solidaridad y visibilizar problemas que a menudo permanecen desatendidos. Sin embargo, el voluntariado no puede sustituir las obligaciones de los gobiernos. Los actos de servicio deben complementar los esfuerzos sostenidos para reformar las instituciones, combatir la discriminación y garantizar que los recursos públicos se destinen al bien común.
Sesenta y siete minutos de servicio
Una tradición central del Día Internacional de Nelson Mandela es la invitación a dedicar 67 minutos a ayudar a los demás, en representación de los 67 años de servicio público de Mandela. Esta iniciativa se basa en el principio de que toda persona tiene la capacidad y la responsabilidad de contribuir al cambio positivo.
Las personas pueden emplear estos minutos para colaborar con un banco de alimentos, asistir a personas mayores, orientar a jóvenes, donar libros, limpiar un espacio público, ayudar a refugiados o familias desplazadas, visitar a personas que viven en situación de aislamiento u ofrecer sus conocimientos profesionales a una organización comunitaria. Las escuelas, los lugares de trabajo y las organizaciones de la sociedad civil también pueden organizar actividades que respondan a las necesidades de sus comunidades.
La iniciativa ofrece un punto de partida práctico cuando el cambio social parece demasiado grande como para que una sola persona pueda influir en él. Las pequeñas acciones pueden fortalecer a las comunidades e inspirar un compromiso continuo. No obstante, el Día de Mandela no debe reducirse a una sola hora simbólica cada año. Su propósito más profundo es alentar a las personas a reflexionar sobre cómo sus decisiones, las instituciones y las comunidades de las que forman parte pueden promover la justicia durante todo el año.
La ayuda inmediata es importante, pero también es necesario abordar las causas del hambre, la falta de vivienda, la discriminación y la exclusión. El servicio adquiere su mayor significado cuando la compasión se une a un compromiso cívico sostenido y a la exigencia de cambios estructurales.
Las Reglas Nelson Mandela
El encarcelamiento de Mandela confiere a esta conmemoración una relevancia especial para los derechos de las personas privadas de libertad. En 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la versión revisada de las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos mediante la Resolución A/RES/70/175 y adoptó la denominación de «Reglas Nelson Mandela» en reconocimiento de su legado.
Las 122 Reglas establecen las normas mínimas internacionales para la administración penitenciaria y el tratamiento de las personas privadas de libertad. Su principio fundamental es que todas las personas reclusas deben ser tratadas con respeto a su dignidad inherente y a su valor como seres humanos. Las Reglas prohíben la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, y exigen la protección contra toda forma de discriminación.
Las Reglas regulan aspectos como el alojamiento, el saneamiento, la alimentación, la atención sanitaria, el régimen disciplinario, el contacto con el mundo exterior, la investigación de fallecimientos y lesiones, la formación del personal penitenciario y la inspección independiente de los establecimientos penitenciarios. Asimismo, restringen el uso del aislamiento prolongado, entendido como el confinamiento de una persona durante más de 22 horas al día sin un contacto humano significativo.
Estas normas son fundamentales porque el encarcelamiento genera un profundo desequilibrio de poder. Una persona no pierde su humanidad al ingresar en prisión. El hacinamiento, la violencia, la denegación de atención médica, las medidas disciplinarias abusivas y las condiciones degradantes pueden causar graves daños. Los Estados siguen siendo responsables de proteger la vida, la integridad física y la dignidad de todas las personas bajo su custodia.
La aplicación de las Reglas Nelson Mandela forma parte del respeto al Estado de derecho y de la prevención de las violaciones de los derechos humanos. Además, unas condiciones de reclusión humanas favorecen la rehabilitación y la reintegración social, beneficiando tanto a las personas privadas de libertad como a las comunidades a las que la mayoría de ellas regresará
Acción de las Naciones Unidas
Las Naciones Unidas preservan el legado de Nelson Mandela mediante la sensibilización, la promoción de normas institucionales y el reconocimiento del servicio a la humanidad. La Asamblea General conmemora el Día Internacional de Nelson Mandela, mientras que las distintas entidades de las Naciones Unidas promueven las actividades de voluntariado y la participación ciudadana. Asimismo, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) apoya a los Estados en la aplicación de las Reglas Nelson Mandela mediante orientación técnica, programas de capacitación e iniciativas de reforma penitenciaria.
El Premio Nelson Rolihlahla Mandela de las Naciones Unidas también reconoce a aquellas personas cuyos logros reflejan la dedicación de Mandela a la humanidad y a los principios de las Naciones Unidas. Otorgado cada cinco años a una mujer y a un hombre, distingue a quienes han consagrado su vida al servicio de los demás.
Estas iniciativas vinculan la conmemoración con la acción práctica. Sin embargo, su eficacia depende de su aplicación por parte de los Estados. Las normas internacionales deben plasmarse en la legislación nacional, los presupuestos públicos, las instituciones independientes y la práctica cotidiana. El homenaje más auténtico a Mandela es alcanzar avances medibles en la reducción de la pobreza, la eliminación de la discriminación racial, la protección del espacio cívico y la garantía de la dignidad de las personas privadas de libertad
Posición del GICJ
El Centro Internacional de Ginebra para la Justicia (GICJ) rinde homenaje al legado perdurable de Nelson Mandela en materia de igualdad, justicia, reconciliación y respeto de la dignidad humana. Su vida demuestra tanto la necesidad de resistir la opresión institucionalizada como la responsabilidad de construir, tras la injusticia, instituciones inclusivas basadas en los derechos humanos.
GICJ exhorta a los Estados a combatir la pobreza y la desigualdad mediante políticas fundamentadas en el derecho internacional de los derechos humanos. Los gobiernos deben eliminar la discriminación racial y todas las demás formas de discriminación, garantizar el igual acceso a los servicios esenciales y asegurar que las comunidades afectadas puedan participar de manera significativa en las decisiones que influyen en sus vidas. Asimismo, las personas defensoras de los derechos humanos y las organizaciones de la sociedad civil deben poder desempeñar su labor de forma libre y segura.
GICJ insta además a todos los Estados a aplicar plenamente las Reglas Nelson Mandela. Toda persona privada de libertad debe estar protegida contra la tortura, los malos tratos, la discriminación y las condiciones de detención degradantes. Las instalaciones de detención deben estar sujetas a mecanismos eficaces de supervisión independiente, y toda denuncia de abusos debe investigarse con prontitud, imparcialidad y transparencia.
El Día Internacional de Nelson Mandela debe seguir siendo mucho más que la celebración de una figura histórica excepcional. Debe servir como un llamamiento anual a afrontar la injusticia allí donde persista y a transformar la admiración en responsabilidad. Mandela demostró que los sistemas opresivos pueden ser desafiados, que es posible construir sociedades democráticas y que la reconciliación puede coexistir con un firme compromiso con la igualdad. Su labor inconclusa pertenece ahora a todos. El poder para construir sociedades más justas, pacíficas y humanas sigue estando en nuestras manos.